Eclipses
es un artículo de Jabier Salutregi Mentxaka, Director de EGIN, publicado en el nº de GARA del 15 de agosto de 1999 sobre la doblez del auto del fascista y felón juez Garzón.
Jabier Salutregi Mentxaka. Director de "Egin"
Vivimos días en los que las apariencias confunden el razonamiento, pues éstas las apariencias casi siempre nos llegan vestidas de una normalidad que, sin apenas darnos cuenta, provoca (no he podido evitar el vocablo de moda) un eclipse total de la verdad.
Las leyes, la Ley, así con mayúscula, se coloca demasiadas veces en la intersección apropiada y termina por ocultar a la Justicia. La Ley, en demasiadas ocasiones, deja a oscuras nuestros derechos y nuestras libertades, y cuando esto ocurre no son pocos los que llegan a confundir la luna con el sol, la Ley con la Justicia.
La pasada semana muchos ciudadanos vascos y de los estados español y francés se acercaron para felicitarme y expresar su alegría: se habían enterado de que el juez de la Audiencia Nacional había tomado la decisión de abrir el próximo mes de octubre el periódico "Egin" y Egin-Irratia. Vaya por delante que los citados ciudadanos son gente variopinta que responden a diferentes sensibilidades políticas y que hasta el momento de difundirse la noticia sobre la posibilidad de reabrir periódico y radio habían mante- nido un discreto silencio.
Es curioso este paisanaje que entonces como ahora entendieron perfectamente el porqué del cierre, pues sólo así se explica su contento ante la posible reapertura. Curioso, pues con esta alegría se desprenden de la vergüenza que a escondidas han mantenido desde que Garzón ejecutó la ya célebre "operación persiana". Muchos de ellos parecían haber estado esperando la noticia durante este largo año para desembarazarse de una desagradable sensación de culpa e inmoralidad políticas.
Debemos convenir que Baltasar Garzón es todo un experto en eclipses y en la fenomenología que le ayude a brillar como un astro. El magistrado logra, como nadie, llenar todo tipo de prensa con grandes titulares que ocultan perfecta y exactamente lo contrario de lo que vienen a indicar, pues Garzón, en definitiva, con su nuevo dictamen ha procedido a levantar la persiana que echó con su operación para mostrarnos un gran letrero de "prohibido el paso", colocado en el vestíbulo de "Egin".
Dicen los expertos en Derecho que la decisión de Garzón es un "sarcasmo", una medida ínfima que en nada cambia la situación de "Egin". Así será, pero esta mínima concesión a la idea de reapertura extiende y da soporte al íntimo convencimiento generalizado de que aquella barbaridad debe ser enmendada.
Baltasar Garzón, con su nueva martingala no ha abierto el periódico, pero sí ha logrado que aflore un sentimiento de desagravio que indica con claridad cuál era la verdadera opinión, no ya de los ciudadanos que la expresaron casi de inmediato, sino de todos aquellos que se mantuvieron en el silencio distante que sus dirigentes políticos les impusieron. Se dieron cuenta entonces y su satisfacción se convierte ahora, dolorosamente tarde, en expresión que ofrece la medida de aquella brutalidad.
No quiere soltar el hueso el magistrado, pero tampoco quiere mantener imagen de feroce en estos tiempos en los que nos aproximamos al aniversario de la tregua más esperanzadora que Euskal Herria ha mantenido nunca. Por esto Garzón sigue en pleno eclipse, abre una puerta y tapia la entrada. Por esto habla de liberar la expresión y sigue desvalijándonos a todos los procesados de nuestros ya escasos bienes patrimoniales, amén de esquilmarnos con unas fianzas que constituyeron el único alzamiento de bienes perseguible de oficio.
No quiere soltar la presa el magistrado, pero el empeño comienza a ser su autorretrato, pues con cada decisión de prórroga sigue ofreciéndonos nuevas versiones del porqué se atrevió Aznar, cuando se vio rodeado de turcos, a cerrar el periódico.
Quizás, además de imposible, sea innecesario abrir "Egin", pero debo insistir en que es inexcusable recuperarlo. Al fin y al cabo es como si estuviera cautiva la bandera de nuestra expresión, pues mientras esto no ocurra, la democracia en Euskal Herria estará bajo la oscuridad del eclipse total que nos procura ese obstáculo que es el invento España.
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